miércoles, 11 de febrero de 2015

Psicosis



Tomaba una taza de café, esta seguía llena pero mi paciencia se acababa, hundido en una psicosis que no hacía más que trastornar mi existencia, mis ganas de escapar se hacían tremendas y la verdad en esos momentos el juicio parece entrar en un caudal de drogas mal fabricadas, enfureciendo mi calma y llevándome a donde nadie sabe a dónde va, nadie sabe de dónde viene, sencillamente "nada" es una etiqueta que podría quedarle bien a ese lugar al que llamamos -Calle-.

Sabía que algún día hablaría de esto pero lo que nunca supe es ¿con quién? es divertido cuando lo miras desde mi perspectiva, alguien que deambuló por la calle buscando no sé qué cosa, resolver no se cual asunto pues los problemas no se pueden resolver donde la problemática es emergente, es peligrosa, el veneno se respira y la muerte se siente a donde quieras que la mires. El desespero era constante y es que nunca imaginé estar en esas circunstancias, las ideas no se disparan y la creatividad no parece tener sentido, los amigos no aparecen y es que la ayuda llegó de donde menos la esperaba. Luego de varias puertas tocadas y muchos NO como respuestas (los PERO cuentan como negativas) una desconocida accedió por vías desconocidas a darme un espacio para mi confort, para aliviar toda la carga que tenía en ese momento, mis lágrimas no se hicieron esperar pues ¿quién no se alegraría al ver un renacer luego de la posible muerte? es que se tiene que tocar un fondo para que el valor a lo simple se haga grande.

Hoy recuerdo con mucho cariño a esta señora que sin conocerme me reinsertó a la sociedad, dándome sabiduría pulcra que pudiera ayudarme a entrar en razón, mi memoria se viste en su nombre y mi paciencia la clama con mucho fervor, hoy la tengo presente y ayer también, mientras tenga salud mi tiempo llevará consigo su sello porque fue ella quien me dio alas para volar de nuevo. Nadie de mi entorno sabe de ella, forma parte de mi enigmática historia y sé que a mis hijos les dará curiosidad saber quién fue esa mujer que salvó mi integridad de la perdición. 


Cuando el hambre toca tu boca, cuando la sed toca tu lengua, cuando la vergüenza se va de vacaciones, piensas e imaginas todas las posibilidades para conseguir sobrevivir, piensas en como rayos hacer aparecer algo de suerte en la superficie de nuestro camino, la desesperación parece ser una nueva enfermedad antojada de nuestra carne y es que no le basta con la miseria que se respira en esos lugares, el miedo, la intolerancia, no se cree lo que se cuenta porque increíble es que hoy esté contando esta experiencia, experiencia que no hizo más que enseñarme un poco de ese mundo que apenas percibimos porque así nos toca, aprender de lo que no vivimos a diario para que luego cada día recordemos que la vida es más de lo que uno cree o deja de recordar, somos lo que somos porque así lo queremos y cada acción que hagamos o dejemos de hacer afectará cada célula de lo que nos compone como seres humanos. Honremos a nuestra familia a pesar de las circunstancias, honremos nuestro nombre porque así debe ser, queramos lo mejor para nosotros para luego querer lo mejor para el resto, hoy escribo esto con otra taza de café a mi lado y es que recordar es vivir, bajo la memoria de nuestra historia que describe nuestra existencia.

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