sábado, 21 de febrero de 2015

Psicosis II



Incluso en el mejor de los casos pude haber desaparecido sin dejar un rastro, entraba en una etapa donde uno como que siente la mera necesidad de salir de este mundo y entrar en otro para ver qué tal le va; además, uno como individuo no conoce o mejor dicho, tiende a olvidar los límites de la modalidad que definen y mantienen a uno dentro de la sociedad, abierto y predispuesto a afrontar cualquier rol que la vida misma nos dé. Y fíjate, allí estaba yo, viendo desde arriba todo el fondo de aquel suelo que no me hablaba pero uno en ese estado jura que las palabras salen gritando clemencia, las miradas no importan porque las lágrimas son tan gruesas que el grito que sale de la boca busca ver por donde carrizo uno va a terminar, la música se torna triste y la colorida noche se oscurecía en unos tonos grises bien oscuros.

El suicidio nunca lo vi en mi vida como una opción para resolver algo, pero como podría llamar yo ese estado donde mi mente estaba en un cataclismo tercermundista, la consciencia la tenía amordazada con una tira de tristeza y los ojos vendados con una cinta de estupidez, veía estrellas y no sé qué hacían allí, la noche estaba tan hermosa y yo allí murmurando palabras para ver si algo tomaba algún sentido, para ver si por fin una idea pudiera pasar por mis pensamientos, los golpes de pecho no cesaban para acabar con esa idiota embriaguez, quería acabarla con un balde de agua fría y así terminar lo que nunca quise empezar, abrazar a mi vieja y nunca contarle que su hijo en algún momento de su existencia, quiso quitarse la vida, y mira, a la final me dedico a vivir lo que quiero, pensar como me salga y escribir todas estas barbaridades, prescindir de un abismo que me enseñó mucho y de miles auroras que colmaron mi insania de cordura.


No hay comentarios:

Publicar un comentario