La maldad podría entenderse como los recursos o acciones
encabezadas por personas cuya intención interés carece de toda bondad. Digamos
que en estos tiempos la maldad prevalece con mucha potencia, y es que si nos
vamos a la historia contemporánea podremos encontrar buenos indicios de
coyunturas que finalizan en una fluctuación de emociones donde la polarización
es simple, el bien y el mal. Lo que está bien o mal lo dictaminan los dogmas
que predominan las civilizaciones "modernas", si bien es cierto, las
mismas se tomaron la molestia de crear una serie de reglamentos con fines de
conservar un "orden" y particularmente me gusta citar tales palabras
porque lo menos que tenemos es orden y modernismo.
El ser humano como alguien pensante, es el único que considero
capaz de desarrollar sentidos de maldad, hacia su semejante, hacia una cosa,
animal, situación, emoción, hasta el punto de tipificar de manera criminal a
quien no esté alineado a los pensamientos generales. Ser común parece ser una
regla para que la creación de comunidades sea simple y sin problemas y no veo
el problema con eso, pero hay que tener en cuenta además que las excepciones
aparecen siempre, pongas donde lo pongas y esto abre la posibilidad del
desarrollo de personalidades que hicieron del conocimiento como una salida a la
monotonía estoica. ¿Pero, por qué temerle a Dios? es algo que me ha tenido
cabezón desde hace muchos años, eso de temerle a quien dice amarnos, y es como
muchas veces he acotado, de que los seres humanos tendemos a proyectar lo que
pensamos o somos en una manifestación constante de arte, leyes, acciones,
palabras, textos literarios, creaciones que buscan "innovar" y
representar de manera abstracta el pensamiento, emociones. La mujer quien ha
sido subyugada por el hombre hasta no poder más, arrinconándola para obtener de
ella el placer, el poder, la fuerza que hoy hace del hombre el "mero
macho" y la verdad es que todo esto me dice de manera muy minúscula que el
hombre oprime aquello de lo que naturalmente carece.
La mujer con capacidades extraordinarias ha podido sobresalir con
el tiempo, dejando al sexo opuesto en una posición comprometida donde nos deja
tendidos en un sentido bastante tajante y la verdad me gusta como desempeña el
papel, pero a veces estas nuevas iniciaciones del poder femenino encuentra el
mismo trastorno del hombre una vez que conoce el poder en su estado más puro,
descontrolar y desequilibrar el orden natural que se ha perdido desde el inicio
de nuestros tiempos. No es la mujer quien debe espantarse ante el hombre como
quien se le teme a un ser omnipotente (como ha querido domesticar la biblia a
sus seguidores) y viceversa mucho menos, la convivencia puede ser producto de
la razón y creo que en este caso fue cohibida a los trancazos; nuestra
capacidad de razón nos permite usar el miedo como un mecanismo oportuno de
defensa y esto está impregnado en muchos animales que sobreviven ante los
ataques de muchos depredadores.
La paranoia nace del miedo y de la paranoia gravemente se
desarrolla el odio como por muchos años los idealistas quisieron hacerle ver al
mundo, de quienes proclamaban y satanizaban a quienes pensaban de manera
distinta. Ahora vuelvo y pregunto ¿por qué temerle a Dios? ¿Nos odia? pues no
podemos temerle a quien no quiere un daño para uno como individuo, porque
incluso la madre para con su hijo debe enseñarle como base el respeto como
medio de comunicación entre ellos dos, para con su padre, sus similares, y esto
es ridículamente nuevo para la sociedad "moderna".
La ignominia que ha recibido la mujer me ha hecho pensar muchas
veces que, el poder está herido, sentido y oculto en ellas como quien busca
dentro de la alquimia el secreto de la juventud eterna, en ellas radica la
sabiduría. Ya que está en ellas la capacidad de crear vida, infierno y paraíso,
el sentir de un infinito cumulo de emociones gracias a su gradual composición
hormonal, entender además el uso de la razón y hacer de ella una herramienta de
manipulación y defensa ante las adversidades que puedan presentarse.
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