¿Para qué estamos hechos? una pregunta que más de uno se ha
hecho, en un momento de esos donde uno se le queda viendo al horizonte a través
de esas ventanas que no son más que la pantalla a nuevas reflexiones,
pensamientos profundos, creadores de grandes ideas, nos llevan a un punto donde incluso nos damos cuenta de que en
varios aspectos estamos haciendo las cosas bien o mal, dependiendo de factores
muy obvios y particulares. Muchas cosas o muchas historias tenemos las personas
que vivimos a diario un va y ven de situaciones que ameritan un medio de
expresión, una forma en el que cada quien logre drenar todo aquello, porque si
nos fijamos, cada mente es una especie de universo con forma de taza, taza que
se llena con cada situación que se estanque, y pues a medida que este va
llenándose, llegará a un nivel donde los límites son muy resaltados y pues el
desborde seria literalmente el desborde de las emociones como tal , en
el que no habría control y el problema pasaría a ser mayor.
Algunos nacen para afincarse en alguno de los sentidos, en uno o en dos, o en todos, esos sentidos que son esa bendición del universo que nos permite observar con
detenimiento lo que ocurre, el espacio no es finito si tenemos en consideración
que nuestra percepción lo es, no damos pie a nuevos horizontes por mantener
estándares bien fijados por alguna sociedad desviada o también limitada por
otros estándares que están por encima de sus convicciones. Las personas podemos
ser mejores ante las adversidades, lo he dicho varias veces, las ideas creadas
por el hombre tienen finalidades y las ideologías políticas por ejemplo,
sabemos que también tiene un propósito bien definido, el control.
¿Y si estamos hechos para amar? como podría encajar el amor
dentro de una sociedad tan llena de odio, donde los rompecabezas ya no divierten sino que lo que ahora divierte rompe, quiebra y destruye cabezas, mentes,
destruye la visión que pudo haber hecho de nuestro sentir algo hermoso, hacer
de ley el amor y que el odio fuese una especie de tabú que nadie quiere
conversar. ¿A dónde fueron a parar todas esas cosas buenas con las que vinimos
de fábrica? nuestra genética parece olvidar con las generaciones que somos una
especie hecha para la producción de elementos positivos, de
situaciones que nos hagan sonreír con los resultados y no llorar con los
mismos, que pasó en ese transcurso de la historia que se desviaron los
propósitos naturales de nuestra existencia, me hago la pregunta con frecuencia
y la latencia de la misma se hace cada vez más intensa.
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