viernes, 19 de junio de 2015

Café

El café por las mañanas es un inicio de día bastante particular, pero contigo te digo que eso no haría falta, eres la rutina que no me cansa porque dentro del espectro que creamos, las energías palpitan con cada respiro que nos damos una vez que nos besamos. Mi cabeza te habla y eso que no dice una sola palabra, te piensa suspicaz, te imagina con todos los asuntos y con todos los temas, te ama y te espera, tu color, tu olor, tu voz y ese sonido que haces cuando te acuestas en mis brazos. No te niego que el mundo es mejor allá afuera, que existen un montón de situaciones que quizá te hagan olvidar el hecho de que aquí hay un alma que clama tu espíritu, que solicita tus labios sobre los míos, que tu cuerpo se fusione con el mío y que quizá algún día veamos la unidad como una utopía imprescindible para nuestra evolución emocional, para que no haya una excusa valida que separe nuestros deseos porque si te soy más franco, eres la mujer que me ha mejorado la realidad.

Te escribo porque no quiero que las palabras se las lleve el viento, pretendo que las mismas te las lleves por siempre, que recuerdes que el olvido nunca será una opción, que las circunstancias son divinas cuando nuestros nombres se cruzan, cuando esas manos se alzan y cuando nuestros sueños se unifican, dejando la realidad en un plano que no nos interesa porque dentro de nuestro universo, siempre todo será posible. Te pido que seas mi rompecabezas, te pido que me permitas tocar tu imaginación, sentir tus emociones, permíteme estudiar tus mañas y hacerlas mías, hablar con tus defectos y convencerlos de que no es un error juntarse con los míos. El café está listo.

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