Dentro de las cavidades del amor suprasensorial podría encontrarse la clave que me haría detener este texto y empezar una vida animada junto a esa persona, que ademas de poseer las llaves vitales para mis emociones, poseería también la libre doctrina que emanciparía mi pensamiento, mas allá de emociones dogmáticas donde la ciencia sea ella, y la religión sea su nombre, no su imagen. Sin padecer del mal obsesivo, buscaría la forma de enamorar sus entrañas con una verdad que pareciera mentira, bien elaborada dentro de lo espontaneo, bien ubicada dentro de los paradigmas, paradigmas que no pretendan permanecer en el margen de lo fantasioso, lo cursi para mi es el exceso de un extremo que no quisiera tocar, considero que centrar la inteligencia tomando de la mano las emociones, bastaría para manifestar las palabras correctas y efectuar las acciones necesarias.
Entre el sexo y lo suprasensorial podemos encontrar el amor, somos animales con un cerebro que nos permite razonar, eso no nos quita lo salvaje, allí, donde el acto sexual reprende y desprende toda carga de nuestro cuerpo, es allí donde las sensaciones dan pie a percepciones que aligeran nuestro sentidos, llevándonos a territorios oníricos dentro de lo real, respirando tan hondo como plazca, allí el amor podría nacer o incluso podría no aparecer jamas, ironías de la vida que me hacen pensar una y otra vez de lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer, inquirir en nuestros instintos para determinar lo indeterminado, el amor, a veces inteligente y casi siempre bruto, inculto, obtuso y zopenco.
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