Alguien me hablaba de aspectos negativos de su viciosa y destructiva vida, ver como los segundos se disolvían en sus manos con cada látigo que recibía del castigo que Dios le habia encomendado. No obstante sonreimos y bromeamos con todo aquel oscuro cuento que ambos teniamos para contar. Por mi parte habia dejado al ermitaño encerrado en casa y respirar un poco de eso que llaman oxigeno, que por cierto ya no se respira en estos dias.
Sentados en una plaza linda, alumbrada ademas, confortando nuestros asuntos en temas de regocijo, destruyendo a quienes un altar tienen por nombre y bendiciendo a esos que por ranchos discriminan en facetas multimedias a traves de las afamadas redes sociales. Le comentaba a ese viejo amigo acerca de esa muchacha que orinó sobre mi corazón, nos reiamos como no tienen una idea, dibujamos su rostro en cuerpos diminutos, modificados al gracioso gusto de cada quien.
Bebiamos un par de limonadas cuando vimos pasar una procesión católica, todos callados caminando alabando una imagen, muñeco, santo, como ustedes gusten llamarle, dentro de mi refunfuñaba amargado y recien salido del asilo donde fui joven, fallecí tres veces en cada divorcio de esos tres matrimonios que tanto me jodieron la vida.
Son memorias de una vida que no recuerdo, la imagino, llega como pocos y se va como muchos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario