lunes, 21 de septiembre de 2015

Placer

El equilibrio en los placeres, es muy fácil quizá identificar algunos, la sociedad impone unos y quita otros, fines de marketing, donde lucrarse depende de un papel y no de altos niveles de emoción natural, que muy probablemente nos haría mejores personas. El cuerpo nos permite el sexo tierno, salvaje, o un poco de ambos, la mente nos permite el almacenamiento de conocimientos de forma simple, saturada, o un poco de ambas ¿cual es el problema? El problema está en que cualquier extremo no es bueno, no hemos podido identificar a ciencia cierta cual punto es el indicado, el correcto, el que no podría darnos el calor en el frío, o el frío en ese calor, comprender que la vida es más que un libro abierto, más allá de ordenes de convivencias, y saber de una vez por todas que el placer verdadero está cuando logramos entender cada aspecto clave de nuestra existencia, que el amor sin el odio es tan simple, y que el odio sin el amor es tan complicado, tan oscuro que aburre. 

A lo largo de mi corta vida me he dedicado a estudiar ciertos aspectos de la cotidianidad, ver como reaccionamos ante una enorme diversidad de estímulos a diario y tratar de encontrar esa información que me llevaría a concluir, que somos nosotros los responsables de ser mejores o peores, teniendo en cuenta una interacción social eficaz o no tan eficaz. Comprender que el lujo no se trata de riquezas financieras, y que el placer no siempre debemos adjudicarlo al sexo, mientras más nos limitamos a los tópicos, más limitados nos mantendremos al crecimiento personal, al conocimiento pleno, y a un desarrollo importante de nuestra capacidad. Que no se nos olvide, que es el cuerpo quien envejece, el alma es eterna, nuestro instrumento de capacitación y obtención de información, merece y debe ser ejercitado todos los días, darle ese alimento nutritivo que es el aprendizaje, seguir los vestigios de la vida para que la muerte nunca nos tome por sorpresa. 

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