Hace cerca de 24 horas fui víctima del hampa en mi localidad, ayer, 21 de marzo del 2014, cerca de las diez y tantos minutos, me arrebataron algo que con esfuerzo había logrado tener. Sería algo cliché decirme o preguntarme ¿Es justo esto? Las imágenes de ese momento retumban y atormentan mis pensamientos, esa pistola apuntando mi cara y palabras desafiantes como "Mátalo Mátalo, mata a ese mamaguevo" Me hicieron asimilar que ya mi vida estaba por acabar, y no sentí miedo por morir, sentí dolor por el daño que esto le iba a causar a mi familia, daño de que mi pérdida, tan temprana, dejaría un vacío en una línea de tiempo que ayer, hoy y siempre voy a querer llenar. Por estas cosas no voy a culpar a nadie, porque nadie no existe, como si existe la injusticia y la ineficiente actitud de un gobierno que tapa el sol con una pistola, con una bala, con una equivocada palabra.
Mientras veía la muerte más extrañaba la vida, pero debo decirles que, en cuanto a la vida no me refiero con esto de estar aquí, vivo, no, cuando hablo de vida hablo de bienestar social, donde los problemas sean simples acertijos mentales o problemas de saber que pasará o no en la novela de las nueve o en la película de las diez. Vida donde las risas sean elocuentes y hacer el amor sea algo frecuente, eso amigo mío, amiga mía, es vida, algo tan simple como reír y hacer reír, como comer y beber, entre chistes y buenos ratos, olvidando así que la política es un rompe hielo conversacional y un dolor de cabeza a nivel nacional.
No le deseo mal a quienes mal hacen a los demás, pues, ya mal están haciendo con el karma con los observa desde lejos, con reojo y mucho juicio, dejo todo en manos de la vida que sostiene la mía, la tuya, la de cada uno que habla y piensa de manera muy consciente, que sea la vida la que me lleve a la muerte, y no la voluntad de alguien que con un arma se siente superior o con poder sobre los demás, lamentablemente ese es el día a día de mi República Bolivariana de Venezuela, mi amada patria.
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