Nunca me llamó la atención fumarme un cigarro, de fumarme algo, sería la lujuria contenida en esa mujer que fascina y encanta mi locura, con su mirada pura, sucia, estable y algo descabellada. La vi de lejos y me gustó lo suficiente como para acercarme un poco y saludarla, sin parecer descortés o perturbador.
Desde las entrañas de mi disparatada "enfermedad" quise hacer un texto que contuviera todo el odio que alguna vez pude haber tenido, contenerlo lo suficiente como para dormir en paz, sin mirar al techo en las madrugadas, sin fruncir el ceño al pensar en todo aquello que daño hace, sin pensar en que afuera hay un mundo acabándose poco a poco, y tomando en cuenta que en cualquier lugar está la persona, el momento, el segundo y la hora, esperando ser tomados por sorpresa, y colocar en un retrato la mejor fotografía de mi vida, con sonrisas honestas, sinceras, con colores radiantes de lo natural ¿por que no?
Nunca le vi el gusto a la bebida, definiendo bebida como licor, lleno de alcohol para el regocijo de quienes desean un consuelo, un abrazo amargo, una salida temporal a los problemas; de embriagarme con algo sería de vida junto a ella, usar mi insanía como conquista y hacer el amor como rutina, variable y divertida.
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