Imaginen que las mentes pudiesen leerse a simple vista, leer tragedias,
placeres causados por segundos y terceros, alegres comodidades del hogar,
sentir los recuerdos ajenos de aquellos que viven con patologías psicológicas
que no los dejan vivir en paz. Imaginen un mundo sin hambre, donde los infantes
corran con tantas energías que sus carcajadas se escuchen a cuadras de
distancia, que el amor y el sexo sean tan frecuentes como la violencia y la
burocracia mafiosa de nuestros tiempos, donde las igualdades sean una realidad
y no un lema político pegajoso y convincente.
En el presente solo quiero fantasear con que mi imaginación puede volar
conmigo a donde quiera que vaya, quiero percibir las posibilidades de obtener
los títulos de mis objetivos, ser dueño de la felicidad de la mujer más
completa jamás pensada, ser responsable por el placer jamás alcanzado, ser la
máxima expresión de mi descendencia, ser un noble ejemplo de sinvergüenzas,
caídos, despistados y casi vencidos.
Las mentiras pueden costar toda una vida incluso si se defiende una verdad,
una verdad amplia y enamoradiza, una verdad que garantiza constancia, conformidades absolutas, simples y emocionantes, las mentiras pueden significar
el fin de nuestros tiempos o el inicio de unos mejores, pueden sanar
depresiones, salvar vidas, nunca sabremos a ciencia cierta donde estamos o que
somos, sabemos lo que nos han dicho, sabemos que tal cosa no tiene
constancia propia, que la realidad y el tiempo son relativos.
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